La identidad en la infancia

Para hablar de las experiencias que influyen en la construcción del auto concepto en niños, debemos comprender primero que el autoconcepto no es estático, sino que es dinámico y co-construido. Esto significa que no influirán en el UNA sola experiencia por si misma, o que un sólo momento puede determinar su «resultado», esto suena casi obvio, pero no lo es tanto cuando pensamos en la gran cantidad de personas que actualmente creen en el concepto de «trauma» como aquel momento único a lo largo de la vida en el que algo sucedió y nos dejo MARCADOS.

Las experiencias entonces que irán generando una co-construcción de autoconcepto en la infancia serán aquellas que se otorguen en la cotidianidad de la vida del niño, como por ejemplo la relación con sus cuidadores (sean padres biológicos o no). Pero no será, me atrevo a decir, en cualquier aspecto de esa relación, sino en su tonalidad afectiva y su incondicionalidad (o la falta de esta). Construiremos un autoconcepto, probablemente aunque no determinadamente, mucho más coherente y seguro, cuando aquellos que nos rodearon de niños nos otorgaron valoración positiva de quienes éramos, además de recibir confirmación de nuestra experiencia y sentimientos independientemente de su «negatividad» (comillas porque no existen en realidad experiencias afectivas negativas).

Uno de los aspectos más importantes en esta relación cuidador-niño es la confirmación de aquellas experiencias sintientes, mostrar que aquello que vive es válido y real, de otra forma sólo lograremos que aprenda a desestimar sus propias experiencias afectivas, las cuales son transversales a nuestra identidad. Es común, por ejemplo, enseñarles a los niños a no llorar por ciertas cosas, o comportarse de determinada forma en determinados momentos. ¿Cómo podemos entonces confirmar positivamente las reacciones y comportamientos espontáneos de los niños, y al mismo tiempo enseñarles aquello que creemos correcto? Parece inagotable entonces la cantidad de errores que podemos cometer como cuidadores al momento de generar un equilibrio entre la confirmación y aquello socialmente adecuado.

Otro de los aspectos, o experiencias, que influirán en la co-construcción del autoconcepto serán las relaciones sociales, entiéndase por relaciones sociales aquellas ajenas al circulo familiar, en este se aprenden nuevos códigos, recibimos e interactuamos con acuerdos implícitos o explícitos de aprobación o desaprobación sin entender aún muy bien aquellas «reglas», la escolaridad es un muy buen ejemplo de esto. Imaginen la confusión de un niño al ser inmerso en un nuevo mundo que no entiende para qué sirve, ni por qué es tan importante cumplir con todo que se espera de él. Supongamos entonces, en un mundo completamente irreal, que como padres realizaron una eficaz confirmación y comprensión de la experiencia afectiva de sus hijos, sin ningún error, entonces en este contexto los enviamos a escolarizarse, será aquí en donde su experiencia y comportamiento será juzgado y evaluado, o «pulido» como gustan decir algunos profesores. Pero, es esto necesariamente malo? Como mencioné al principio, en realidad depende de su constante, si dentro de un contexto tenemos a un niño que sufre de maltrato o bullying, claramente no será beneficioso en ningún aspecto para su co-construcción de autoconcepto, y si bien podrá más adelante reconstruirse a pesar del maltrato, sabemos que durante la vivencia de estas experiencias tendremos un autoconcepto, probablemente, empobrecido, inseguro y débil.

En resumen, podemos concluir que las experiencias que influyen en la construcción del autoconcepto en niños, y me atrevo a decir que en adultos es muy similar, serán las relaciones establecidas en el entorno familiar y social, los vínculos emocionales de confianza y pertenencia, en amor incondicional, la valoración de otros y la valoración de la experiencia afectiva.

¿Qué pasa entonces con los niños sin familia, sin vínculos incondicionales ni valoración de su experiencia?

Si tomamos entonces las relaciones sociales con los niños, tenemos también la relación con sus pares. El juego, que si bien puede darse con adultos, es una instancia crucial para sentirse adecuado o perteneciente. Dentro del grupo etario, el niño tiene la oportunidad de establecer relaciones simétricas e impredecibles, en un principio no conoce las reglas de la socialización, y tampoco mucho sus congéneres. Pero, por medio de la exploración e imaginación, los niños reflejan aspectos de su realidad personal (intra o inter). Aquí entonces comienzan a repetir o crear reglas sociales; no se miente, no traicionas, no golpeas, etc. Muchas de estas reglas se encuentran a base de la empatía y comprensión, lo cual facilita el vinculo con otros y con ellos mismos.

¿Debemos preocuparnos si entonces un niño no tiene amigos? Para esto es importante pensar, que sólo aquellos trastornos o condiciones neurológicos más graves, nos privan de relacionarnos socialmente.

La socialización, reflejada mayormente por medio del juego en los niños, nos permite sentirnos parte de un grupo, y esto confirma positivamente nuestra identidad cognitiva y afectiva, además permite ir generando una co-construcción de concepto de la realidad que nos rodea. No es raro entonces que en los niños más aislados o con problemas de inserción al grupo, encontremos grandes capacidades de imaginación, creatividad extra polada y disociación afectiva.

Sin embargo, siempre debemos ser cuidadosos con estas observaciones o pretenciones, ya que existen niños con uno o dos amigos con una positiva visión de ellos mismos, tanto como tenemos niños muy sociales y adecuados con autoestima empobrecida.

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